miércoles, 13 de junio de 2012

El fin

La invasión habia sido frenada. Luego de trabajos de decadas de espionaje, el teniente Norberto Fal, pudo eliminar hasta el último "infiltrado" que quedaba en la tierra. Hacía ya 36 años que el teniente Fal había descubierto por error, a esta secta de "infiltrados", tras volver a la casa de su amigo íntimo Francisco, por haberse olvidado su bufanda. Lo que sus ojos vieron al abrir la puerta sin tocar, fue desconcertante: Un panel de control y un monitor con un mapa mostrando el Gran Buenos Aires y un montón de puntos verdes móviles. Pancho se encontraba de espaldas a la puerta con su mano izquierda estirada hacia una esfera plateada flotante que emergía de una concavidad de la máquina. Cuando Fal inspiró, Pancho giró su cabeza sorprendido sin quitar su mano de la esfera. Sus ojos mostraban un color verde opaco en la totalidad de su globo ocular. -No deberías haber visto esto Norberto. Ahora no me queda opción-. Quitó la mano de la maquinaria, volviendo sus ojos a la normalidad, y la tendió hacia lo que parecía un arma. Fal no dudó un segundo, desenfundo su arma y disparó. Pancho cayó muerto instantaneamente. Otra persona entró corriendo desde la cocina con la supuesta arma en mano. Fal con su velocidad característica rodó por el piso esquivando el as de luz, y volvió a acertar el disparo sobre su blanco. El shock lo mantuvo unos instantes sin comprender lo sucedido. Luego examinó los cuerpos mientras esperaba a los especialistas.
Ambos cuerpos presentaban la misma caracerística: Ausencia total de dientes junto a unas encias y paladar completamente negros.
Con el tiempo, el teniente Fal se convirtió en un experto cazador de "infiltrados" alrededor del mundo. Junto a su equipo de 20 oficiales, tenían acceso a la información que quisieran, sin ningún tipo de restricción. Ellos mismos planificaban los operativos para sorprender a los "infiltrados" en las diferentes partes del planeta. La cautela debía ser máxima, ya que si sospechaban que los gobiernos a nivel mundial estaban tras ellos, podrían planificar una invasión de características catastróficas para la humanidad. Luego de años y años de cacería, le tocó al equipo de Fal entrar en acción con una pista firme en el barrio de Once, ciudad autónoma de Buenos Aires. La persona identificada era profesor de la UTN, y buen vecino. Nada que lo haga sobresalir de la media. Con 60 años de edad, vivía en un departamento de 2 ambientes en Jujuy e Yrigoyen. Fal y su equipo tomaron el departamento por sorpresa un 15 de Agosto. Cuando ingresaron en la vivienda, el profesor se encontraba con su mano extendida hacia la ya conocida esfera metálica que levitaba sobre la maquinaria. -Los estaba esperando- dijo el profesor. -¿Ven el monitor con el mapa mundial donde solo hay una sola marca verde? Soy yo. El último de mi especie. Ya no tendrán que preocuparse por nosotros, pero deberían comenzar a preocuparse por ustedes mismos. No van a llegar muy lejos con el egoísmo característico en los seres humanos. Si no hacen algo pronto, van a aniquilarse unos a los otros-. Dicho esto, hizo un movimiento circular con su mano extendida, la esfera parpadeó y el profesor cayó sin vida. La marca verde en el monitor comenzó a ponerse tenue hasta desaparecer completamente. El mapa mostró el mundo entero libre de puntos verdes y luego con un chispazo, la maquinaria se convirtió en cenizas.
Tras este singular suceso, siguieron las investigaciones por varios años sin ningún resultado. Los "infiltrados" habían sido exterminados para siempre.
La fiesta y el reconocimiento que le hicieron al teniente Fal y su equipo fue sin escatimar en gastos y de conocimiento mundial. La gente vitoreaba en las calles, hacían cánticos con "Fal", "invasores", "raza superior", "ahora quien?", y muchas otras. Dos semanas más tarde del anuncio de la aniquilación oficial de los "infiltrados", el teniente Fal al fin pudo volver tranquilo a su casa, sabiendo que no debía volver a preocuparse por la plaga de estos desconocidos seres espaciales. Se sentó en su sillón y encendió la tele. Al tocar las 12 de la noche, giró su cabeza y observó su bufanda. -Que ironía-, pensó.
Tomó la bufanda, la enrroscó prolijamente al rededor de su cuello y dijo: -Misión cumplida. Primeros llegados eliminados. Los espero. -. Su bufanda se iluminó hasta solo distinguirse luz y luego volvió a la normalidad. El mensaje había sido transmitido a través del espacio hasta su planeta natal...

2 comentarios:

Warrior dijo...

Me gusta.

Hernan Furst dijo...

UJU!!!! Luego de tanto tiempo de no escribir... UN COMENTARIO!! GRACIAS HERMOSA!