lunes, 21 de julio de 2008

Un gran paso

El momento había llegado. Los preparativos de la partida habían sido largos y tediosos. Había grandes expectativas. Una mezcla de sentimientos invadía tu cuerpo: ansiedad, miedo, incertidumbre, ganas de echarse atrás, ganas de seguir adelante. Sin embargo, era algo que tenías que hacer. De todos modos, te sientes acompañado, ya que mucha gente estaba contigo, gente que te había acompañado hace mucho tiempo, algunos ya desde siempre, otros no tanto. El vehículo de transporte ya estaba cargado y preparado para partir. Un paso para el hombre, un gran paso para la humanidad… ¿Humanidad? Acá no había humanidad que importara, era tu hazaña, lo que los demás pensaran o dijeran luego, era una mera consecuencia de lo que tu estuvieras haciendo en ese momento. El principio de lo que podría ser el fin había comenzado. La puerta se abre. La persona que toma el control del vehículo ya estaba dentro, solo faltabas tú.

Un escalofrío recorre tu cuerpo, pero empiezas a caminar sin darle importancia. Una vez dentro, te colocas el cinturón de seguridad. Los saludos podían hacerse audibles desde el exterior. Se oyen los motores encenderse. El viaje había comenzado. Al principio el paisaje es conocido, luego las cosas empiezan a estar lejanas. Como salidos de la nada, los recuerdos empiezan a invadir tu cabeza. El lugar donde habías crecido, la casa del árbol, los amigos, la familia, todo parecía quedarse allí, en ese lugar que se alejaba. Luego de un tiempo, minutos, horas… no sabrías decirlo muy bien, la mezcla de emociones no dejaban que te concentraras, mirando los planos y mapas que habían elaborado especialmente para este viaje, pudieron encontrar la ruta final hacia el lugar elegido. Las cosas se veían extrañamente familiares, todo se iba acercando, se iba agrandando, iba tomando forma… Por un pequeño inconveniente en el terreno, no pueden llegar al destino directamente, sino que tienen que decidir tomar otro camino y terminar el viaje a cientos de metros de donde habían planificado.

Al final, el transporte toma posición y se detiene, sin embargo los motores no se apagan, es el momento de emprender un nuevo camino, pero esta vez, sin ningún acompañante. Si bien sabías perfectamente hacia donde dirigirte, el pánico recorre tu cuerpo, las piernas te pesan, todo tu cuerpo parece tirar para el lado contrario a donde apuntaba tu mente. Cada paso hace de disparador de recuerdos, y a la vez, va marcando una nueva etapa en tu vida, una etapa de crecimiento, experiencias, descubrimientos, tropiezos, golpes… El sitio parece ser el indicado, te introduces en él y sigues lo que parece un sendero. Derecho, derecha, arriba, derecha, arriba, izquierda y no más. El sendero llega a su fin abruptamente. Sin indicios de que esto ocurriera, de pronto a 90º del suelo un objeto de 2x1m impide el camino. No obstante intentas empujarlo, y el objeto sede. El lugar parece desolado. Las extensiones y la ubicación de las cosas solo pueden significar algo: Aquí antes hubo vida, vida inteligente. Pero eso nunca había sido puesto en duda.

Recorres el sitio de un lado a otro. Todo está tal cual lo imaginabas, ya no sientes pánico, sino alegría. Desde donde te encontrabas, podías divisar el cielo. Las paredes rugosas, como erosionadas, dan al lugar un aspecto antiguo, pero no viejo. Volviendo al lugar donde terminaba el sendero, ves otro sendero similar, no puedes contigo mismo y decides atravesarlo. El nuevo camino iba hacia arriba. El sendero termina en una última extensión, de donde puede verse todo el lugar desde una altura sorprendente. Casi no hay ruido, solo el soplar del viento, viento que golpea tu cara y sigue su camino. Viento que recorrió vaya a saber uno cuanta distancia, para estrellarse contra tu rostro y cambiar su rumbo, pero solo por un instante.

Luego un sonido conocido. Un murmullo, como… personas… ¿PERSONAS? Si, definitivamente eso era una charla, y procedía del lugar de abajo. Una vez que bajas, la incógnita queda resuelta. Toda tu familia esta parada frente a la puerta esperando para festejar junto a ti. Ellos no vivirán contigo, pero siempre estarán a tu lado. No hay nada que temer. Una nueva etapa en tu vida acaba de comenzar y porque no hacerlo con un buen asado, con la familia completa…¡¡¡En tu nuevo departamento!!!



Este cuento, lo escribí al independizarme de mis padres y mudarme solo con mi amigo de toda la vida "Demián", a finales del 2006.
Pido disculpas por los pocos recursos literarios que yo mismo me doy cuenta de su falta. Soy un novato en el tema, y espero poder ir aprendiendo de mis propios errores.
Gracias Demián por haber compartido todo ese año conmigo. Gracias por todo lo que aprendimos juntos. Ahora, cada uno por su lado y con sus nuevas familias, recorren sus propios senderos. Quiero decirte que te quiero mucho y que amigos como vos, son dificiles de encontrar.
Nuevamente gracias

3 comentarios:

jazlima dijo...

Pero que lindo... no importan los recursos si uno escribe lo que siente. Es igual de válido.

Cactus dijo...

furst=trolo (?)

Schwarze dijo...

jee, si. Asi lo pienso! por eso lo escribo! sino tendría que tirar todo por el retrete. jejeje.

Un abrazo Jaz y otro par vos George!